Qué sensación... volver a un lugar que sabes que es una mierda, asqueroso, pero que en el fondo te encanta y te vuelve loco. Que viciosillos somos los humanos que perdemos el culo por tropezar cual bucle mátrix con la misma piedra.
Puta piedra... que se lo digan a Sísifo, que ese de piedras grandes sabía mucho.
Érase una vez un hombre a una piedra pegado
érase una losa superlativa,
érase una lasca bien grande y jodida,
érase un peñasco de tinglado mal follado...
Quevedo me daría una colleja, o una barroquísima patada giratoria, diría yo. Sería divertido... y luego salir a tomar unas cañas con el "House" del Siglo de Oro luciendo con orgullo un ojo morado.
- "Me lo ha hecho Quevedo"
- "Nenita, has vuelto a drogarte con mentos y cola light"
- "No, la dietista me ha prohibido la sacarina"
- "Nenita, ves demasiadas pelis..."
- "Es verdad... ayer pusieron Rocky II en Antena 3"
- "¿Después de comer?"
- "Sí"
- "Nenita, a esas horas hay que dormir la siesta..."
Ay... que santa razón tendría...
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lunes, 23 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
ERA EL ROCK DE UNA NOCHE DE VERANO...
En el prólogo de "Mirall trencat", Mercé Rodoreda describe el proceso mágico de creación de sus personajes. Mucho antes de narrar su historia con palabras, incluso antes de crear ese destino para ellos, les proporcionaba el primer aliento de vida mediante la observación de la vida real. Una mujer mayor de mirada dignamente triste que todavía llevaba la esperanza en forma de ramo de claveles dentro de un cesto, un notario que se parecía románticamente a Delacroix, otra mujer que parecía rememorar su juventud mirando a través de las rejas del jardín de un restaurante barcelonés de los años 60...
Reconozco que me he dejado llevar por la inquina y el desprecio hacia lo que no conozco. O más bien, lo que no tengo ni el más mínimo interés en conocer. Tener domicilio estable durante cinco años en el Barrio Gotico es como nacer y vivir en Roma, te rodeas de cosas absolutamente maravillosas que a fuerza de ver cada día se tornan invisibles. Incluso molestas. Hasta llegar al punto de hacerse detestables.
Y esta es mi historia de ardoroso deseo-amor-aprecio-curiosidad-indiferencia-fastido-odio-bomba atómica por la fauna que puebla el barrio más antiguo de Barcelona.
Yo vengo de una ciudad que era pequeña, y hasta cierto punto, sigue siéndolo. Da igual todos los bares y restaurantes pijos que hayan abierto, mi ciudad tiene un punto provinciano que la hace inigualable. Desde allí, todo lo que no se divisaba desde lo alto de sus muros se me hacía deseable y una voz en idioma extranjero me despertaba el ansia inmediata de conocer, así que me puse a disposición del mundo para que me diera las palizas que quisiera en el camino del país que le diera la gana.
Bendita curiosidad, madre de todo conocimiento. Aunque me cansé pronto.La resaca de una paliza te deja hecho polvo.
En fin. Años más tarde, me encuentro un día en el extremo opuesto de la torre de vigía de mi pueblo. Escuchar un idioma extranjero hace que me salgan sarpullidos extremadamente feos y molestos. Ya no me sorprende, ni me admira, ni me embelesa. He tenido y persiste en mi sistema nervioso una sobredosis de extranjeros, más conocida como "la invasión guiri".
Si lo pienso racionalmente, me hago consciente de que son seres humanos, de esos que comen, respiran, sostienen un mapa o una cerveza en la mano y hacen pis (sobre todo, se hacen pis, en cualquier esquina de mi barrio, de hecho). Pero pedirle a mi cerebro que eleve de forma espontánea sus carácterísticas humanas más allá de estas funciones, se me hace harto complicado. En modo piloto automático y sin gafas, los confundo con ovejas. Y yo, que voy siempre despistada, me pregunto a mi misma "¿qué coño hacen tantos rebaños de bichos color cangrejo por las calles de mi barrio?".
Error.
Error-error-error-error.
Mi lógica animadversión ha matado algo muy valioso: la curiosidad y la capacidad de sorpresa. Y me ha regalado una inevitable y vergonzosa compañera de viaje: la soberbia de creerse mejor.
Después de leer extasiada la técnica de Mercé Rodoreda, me he propuesto a mí misma un pequeño reto. Esta noche, al volver del cine y mientras esquivaba como podía uno de los rebaños que invadía sin piedad el único camino que llevaba a mi casa, he realizado el triple salto mortal mental desde el trampolín del prejuício (que es uno de los olímpicos más altos)y me he dejado caer al vacío de la curiosidad:
He mirado a los ojos de la gente.
(Eh! que para mí ha sido toda una proeza...)
Observé a una chica guapa con unos tacones altísimos. Y en lugar de pensar que era una gilipollas por salir a hacer turismo con zancos, me la imaginé vistiéndose en la habitación de su hotel, nerviosa e ilusionada por encontrarse con alguien durante la noche, dudando entre los tacones o las sandalias planas. Y luego, contagiada por la magia de las noches de Barcelona, decidiéndose por los tacones.
Ví a un tío feo que iba de guaperas, con una camisa blanca completamente abierta mostrando el pecho. Intenté no pensar en lo ridículo que era a simple vista y descubrí a un hombre tan inseguro de sí mismo que se porta como un cabrón con las mujeres para subirse autoestima. Como aquel que intenta recuperarse de un gatillazo entre sudores e insultando...
También estaba el gran clásico: la guiri-moreno-gamba-borracha-a-punto-de-potar. La sostenían por las axilas dos chicos, mientras a ella se le iba poniendo la cara cada vez más verde. Y ya no pude evitarlo, reconocí que esa chica también tiene una madre, aunque sea de las que siempre la está poniendo en evidencia porque su novio es un hooligan retrasado y su trabajo de dependienta es una mierda. Y ella llora en el baño cuando su madre no la ve y al salir finje que no ha sucedido nada.
He realizado el esfuerzo y se ha visto recompensado. Las ovejas son personas. Comen, beben, respiran... pero también piensan, se desfogan, sienten, hacen estupideces, se arrepienten, les pican los mosquitos en el trasero... tal como yo. Somos iguales.
Jamás conseguiré crear un personaje con la maestría de la señora Rodoreda, pero un poco de humildad y un mucho de curiosidad para estimular la imaginación será una tarea asequible y bastante satisfactoria.
Alabemos a las musas.
Reconozco que me he dejado llevar por la inquina y el desprecio hacia lo que no conozco. O más bien, lo que no tengo ni el más mínimo interés en conocer. Tener domicilio estable durante cinco años en el Barrio Gotico es como nacer y vivir en Roma, te rodeas de cosas absolutamente maravillosas que a fuerza de ver cada día se tornan invisibles. Incluso molestas. Hasta llegar al punto de hacerse detestables.
Y esta es mi historia de ardoroso deseo-amor-aprecio-curiosidad-indiferencia-fastido-odio-bomba atómica por la fauna que puebla el barrio más antiguo de Barcelona.
Yo vengo de una ciudad que era pequeña, y hasta cierto punto, sigue siéndolo. Da igual todos los bares y restaurantes pijos que hayan abierto, mi ciudad tiene un punto provinciano que la hace inigualable. Desde allí, todo lo que no se divisaba desde lo alto de sus muros se me hacía deseable y una voz en idioma extranjero me despertaba el ansia inmediata de conocer, así que me puse a disposición del mundo para que me diera las palizas que quisiera en el camino del país que le diera la gana.
Bendita curiosidad, madre de todo conocimiento. Aunque me cansé pronto.La resaca de una paliza te deja hecho polvo.
En fin. Años más tarde, me encuentro un día en el extremo opuesto de la torre de vigía de mi pueblo. Escuchar un idioma extranjero hace que me salgan sarpullidos extremadamente feos y molestos. Ya no me sorprende, ni me admira, ni me embelesa. He tenido y persiste en mi sistema nervioso una sobredosis de extranjeros, más conocida como "la invasión guiri".
Si lo pienso racionalmente, me hago consciente de que son seres humanos, de esos que comen, respiran, sostienen un mapa o una cerveza en la mano y hacen pis (sobre todo, se hacen pis, en cualquier esquina de mi barrio, de hecho). Pero pedirle a mi cerebro que eleve de forma espontánea sus carácterísticas humanas más allá de estas funciones, se me hace harto complicado. En modo piloto automático y sin gafas, los confundo con ovejas. Y yo, que voy siempre despistada, me pregunto a mi misma "¿qué coño hacen tantos rebaños de bichos color cangrejo por las calles de mi barrio?".
Error.
Error-error-error-error.
Mi lógica animadversión ha matado algo muy valioso: la curiosidad y la capacidad de sorpresa. Y me ha regalado una inevitable y vergonzosa compañera de viaje: la soberbia de creerse mejor.
Después de leer extasiada la técnica de Mercé Rodoreda, me he propuesto a mí misma un pequeño reto. Esta noche, al volver del cine y mientras esquivaba como podía uno de los rebaños que invadía sin piedad el único camino que llevaba a mi casa, he realizado el triple salto mortal mental desde el trampolín del prejuício (que es uno de los olímpicos más altos)y me he dejado caer al vacío de la curiosidad:
He mirado a los ojos de la gente.
(Eh! que para mí ha sido toda una proeza...)
Observé a una chica guapa con unos tacones altísimos. Y en lugar de pensar que era una gilipollas por salir a hacer turismo con zancos, me la imaginé vistiéndose en la habitación de su hotel, nerviosa e ilusionada por encontrarse con alguien durante la noche, dudando entre los tacones o las sandalias planas. Y luego, contagiada por la magia de las noches de Barcelona, decidiéndose por los tacones.
Ví a un tío feo que iba de guaperas, con una camisa blanca completamente abierta mostrando el pecho. Intenté no pensar en lo ridículo que era a simple vista y descubrí a un hombre tan inseguro de sí mismo que se porta como un cabrón con las mujeres para subirse autoestima. Como aquel que intenta recuperarse de un gatillazo entre sudores e insultando...
También estaba el gran clásico: la guiri-moreno-gamba-borracha-a-punto-de-potar. La sostenían por las axilas dos chicos, mientras a ella se le iba poniendo la cara cada vez más verde. Y ya no pude evitarlo, reconocí que esa chica también tiene una madre, aunque sea de las que siempre la está poniendo en evidencia porque su novio es un hooligan retrasado y su trabajo de dependienta es una mierda. Y ella llora en el baño cuando su madre no la ve y al salir finje que no ha sucedido nada.
He realizado el esfuerzo y se ha visto recompensado. Las ovejas son personas. Comen, beben, respiran... pero también piensan, se desfogan, sienten, hacen estupideces, se arrepienten, les pican los mosquitos en el trasero... tal como yo. Somos iguales.
Jamás conseguiré crear un personaje con la maestría de la señora Rodoreda, pero un poco de humildad y un mucho de curiosidad para estimular la imaginación será una tarea asequible y bastante satisfactoria.
Alabemos a las musas.
martes, 3 de noviembre de 2009
CUANTO MÁS CONOZCO A LAS PERSONAS, MÁS QUIERO A MIS GATOS.
Sabiéndome amante de los animales, alguien me ha contado hoy una historia. No comprendo muy bien el motivo, porque aparentemente, la intención no era amargarme la tarde, pero no acabo de entender cual era la reacción que se esperaba de mí. El relato comienza a partir de un suceso anecdótico: esta mañana una compañera salía de su casa y vio a un viejo darle una patada a un gato que estaba tumbado en su puerta. Hasta aquí bien. No es algo que me guste, me cabrea bastante en realidad, pero podría ser olvidable e inocuo. A partir de aquí viene la parte desagradable, y es la descripción de cómo se quedó el pobre animal tras semejante ataque unilateral y desproporcionado por parte de una bestia veinte veces más grande que él. Me voy a ahorrar los detalles porque no me apetece redistribuír este tipo de mierda por el mundo.
Esto desencadena en mi cerebro una serie de reflexiones acerca de la empatía (la RAE es nuestra amiga):
EMPATÍA
1. f. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.
Reflx 1: Hay ciertos sujetos que viven de prestado, no aprecian la vida porque no tienen ni puta idea de lo que significa estar vivo y jamás han dado gracias por seguir respirando cuando se despiertan por la mañana. Darle una patada brutal a un pequeño animal indefenso, sentirse plenamente justificado en su acción y continuar con su existencia de mierda sin volver a pensar de nuevo en el suceso es interpretable como un primer estadio de psicopatía. Existe una cosa llamada respeto que va mucho más allá de cederle el paso a una ancianita o no hablar en el cine, y que vendría a ser tomar conciencia de la verdadera posición de uno mismo con respecto a su propio escenario vital. Nos da por culo lo que nos rodea porque nos creemos lo más importante y somos el Teocentro de nuestra salvaje religión del Ego. El doctor recomienda una dosis de empatía intravenosa. No es necesario que te cases con el gato, pero antes de darle la patada, hazte una representación mental de lo doloroso que sería que una bola de demolición te aplastase los riñones. Y si aún así eres incapaz de sentir nada, suicídate, porque al fin y al cabo ya estás muerto. Extrapolemos esta dinámica a cualquier otra situación. Gilipollas.
Reflx 2: Lo dicho, no alcanzo a comprender qué esperaba de mí al contarme tal suceso. Me lo contó porque sabía que adoro a los gatos, pero es que no tiene sentido. ¿Alguien llamó a la policia para denunciar un acto de tortura animal? ¿Alguien intentó coger al gato para saber si estaba en buen estado? ¿Alguien puso en su lugar al sujeto psicópata? Me faltan datos, la historia está incompleta. ¿Por qué? ¿Tal vez porque nadie hizo nada de eso? ¿Entonces no sería más adecuado callarse el altercado, bajar la cabeza e intentar olvidarlo? El gusto por los detalles morbosos... ¿Buscaba mi empatía? lo siento, eso no sería empatía, sería complicidad. "¡Oh, pobre gato!" y a otra cosa, mariposa que mi mundo es de color rosa. Diarios de Patricia, Callejeros y Javier Cárdenas. Comparando la miseria de los otros con la mía descubro que mi vida no es tan repugnante como pensaba. Felicidades, hoy es tu día de suerte.
Me hago misántropa, no sé si por elección propia o por fuerza mayor de la Náusea.
Esto desencadena en mi cerebro una serie de reflexiones acerca de la empatía (la RAE es nuestra amiga):
EMPATÍA
1. f. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.
Reflx 1: Hay ciertos sujetos que viven de prestado, no aprecian la vida porque no tienen ni puta idea de lo que significa estar vivo y jamás han dado gracias por seguir respirando cuando se despiertan por la mañana. Darle una patada brutal a un pequeño animal indefenso, sentirse plenamente justificado en su acción y continuar con su existencia de mierda sin volver a pensar de nuevo en el suceso es interpretable como un primer estadio de psicopatía. Existe una cosa llamada respeto que va mucho más allá de cederle el paso a una ancianita o no hablar en el cine, y que vendría a ser tomar conciencia de la verdadera posición de uno mismo con respecto a su propio escenario vital. Nos da por culo lo que nos rodea porque nos creemos lo más importante y somos el Teocentro de nuestra salvaje religión del Ego. El doctor recomienda una dosis de empatía intravenosa. No es necesario que te cases con el gato, pero antes de darle la patada, hazte una representación mental de lo doloroso que sería que una bola de demolición te aplastase los riñones. Y si aún así eres incapaz de sentir nada, suicídate, porque al fin y al cabo ya estás muerto. Extrapolemos esta dinámica a cualquier otra situación. Gilipollas.
Reflx 2: Lo dicho, no alcanzo a comprender qué esperaba de mí al contarme tal suceso. Me lo contó porque sabía que adoro a los gatos, pero es que no tiene sentido. ¿Alguien llamó a la policia para denunciar un acto de tortura animal? ¿Alguien intentó coger al gato para saber si estaba en buen estado? ¿Alguien puso en su lugar al sujeto psicópata? Me faltan datos, la historia está incompleta. ¿Por qué? ¿Tal vez porque nadie hizo nada de eso? ¿Entonces no sería más adecuado callarse el altercado, bajar la cabeza e intentar olvidarlo? El gusto por los detalles morbosos... ¿Buscaba mi empatía? lo siento, eso no sería empatía, sería complicidad. "¡Oh, pobre gato!" y a otra cosa, mariposa que mi mundo es de color rosa. Diarios de Patricia, Callejeros y Javier Cárdenas. Comparando la miseria de los otros con la mía descubro que mi vida no es tan repugnante como pensaba. Felicidades, hoy es tu día de suerte.
Me hago misántropa, no sé si por elección propia o por fuerza mayor de la Náusea.
sábado, 12 de septiembre de 2009
ME VOY A CASA !!!
Ha sido una semana muy dura, y en algunos momentos he pensado que no llegaba al día de hoy con la cabeza en mi sitio. He perdido a un ser muy querido, me he sentido asfixiada en el trabajo y dudas, muchas dudas. Dudas sobre qué hacer, a dónde ir y cómo hacerlo.
Pero por fin es sábado, por fin me voy a mi casa, a empaparme de mi tierra y del cariño de los míos. Hoy hace sol y lo demás se queda atrás, cuando vuelva otro gallo cantará y ya no seré la misma persona. Así que a mal tiempo, buena cara y una sonrisa de esperanza, que es gratis.
Por cierto, gratitudes:
Ramón, Sandra, César y Jordi. Gracias por haber estado a mi lado en todo el proceso de perder a mi gata Miausi. Para muchos, la muerte de un animal no significa nada. Para mi ha sido perder a mi compañera y amiga durante ocho años. Gracias a los cuatro por comprenderme, apoyarme y no juzgarme. Un gran beso.
Caes muy abajo,
crees que no lo conseguirás
pero con los meses te das cuenta
que vuelves a comenzar.
Y a fuerza de tanto caer
y de volverte a levantar
ves que las cosas no cambian
pero tú ya no eres el mismo
Pues yo ya he sido cinco o seis
y soy el que soy ahora
No quiero pensar
en lo que vendrá mañana
Lánzate, cada instante
es único y no se repetirá.
Siento que mi corazón no para de latir
i me dice que me lance
que no piense en todo lo que vendrá
que un lápiz nunca
dibuja sin una mano.
Y por qué mis pensamientos
que siempre viven en el presente
no conjugan otros tiempos
que el "ya haré lo que no he hecho"
Pues hoy, o puede que mañana
estaré por aquí o tal vez por allá
Seré un trozo del universo
que no nota el paso del tiempo.
Lo que hago a cada instante
es la fuerza que me hace grande
NO quiero pensar
en lo que pasará mañana.
Lánzate, cada instante
es único y no se repetirá.
Siento que mi corazón no para de latir
i me dice que me lance
que no piense en todo lo que vendrá
que un lápiz nunca
dibuja sin una mano.
Pero por fin es sábado, por fin me voy a mi casa, a empaparme de mi tierra y del cariño de los míos. Hoy hace sol y lo demás se queda atrás, cuando vuelva otro gallo cantará y ya no seré la misma persona. Así que a mal tiempo, buena cara y una sonrisa de esperanza, que es gratis.
Por cierto, gratitudes:
Ramón, Sandra, César y Jordi. Gracias por haber estado a mi lado en todo el proceso de perder a mi gata Miausi. Para muchos, la muerte de un animal no significa nada. Para mi ha sido perder a mi compañera y amiga durante ocho años. Gracias a los cuatro por comprenderme, apoyarme y no juzgarme. Un gran beso.
Caes muy abajo,
crees que no lo conseguirás
pero con los meses te das cuenta
que vuelves a comenzar.
Y a fuerza de tanto caer
y de volverte a levantar
ves que las cosas no cambian
pero tú ya no eres el mismo
Pues yo ya he sido cinco o seis
y soy el que soy ahora
No quiero pensar
en lo que vendrá mañana
Lánzate, cada instante
es único y no se repetirá.
Siento que mi corazón no para de latir
i me dice que me lance
que no piense en todo lo que vendrá
que un lápiz nunca
dibuja sin una mano.
Y por qué mis pensamientos
que siempre viven en el presente
no conjugan otros tiempos
que el "ya haré lo que no he hecho"
Pues hoy, o puede que mañana
estaré por aquí o tal vez por allá
Seré un trozo del universo
que no nota el paso del tiempo.
Lo que hago a cada instante
es la fuerza que me hace grande
NO quiero pensar
en lo que pasará mañana.
Lánzate, cada instante
es único y no se repetirá.
Siento que mi corazón no para de latir
i me dice que me lance
que no piense en todo lo que vendrá
que un lápiz nunca
dibuja sin una mano.
lunes, 17 de agosto de 2009
PATALETA
Joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder,joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder.........
Vaya, si lo dices muchas veces seguidas, suena raro. Como cuando te miras durante demasiado tiempo al espejo que los rasgos se distorsionan y dejas de parecer tú mismo. Y te asustas porque un extraño te observa...
Vaya, si lo dices muchas veces seguidas, suena raro. Como cuando te miras durante demasiado tiempo al espejo que los rasgos se distorsionan y dejas de parecer tú mismo. Y te asustas porque un extraño te observa...
miércoles, 22 de julio de 2009
LO QUE PIENSO DE MARÍA VON TRAPP
Este es de hace mil años, acabo de encontrarlo mientras limpiaba el ordenador para formatearlo y me ha hecho gracia otra vez, así que lo cuelgo:

"María Von Trapp tuvo una juventud serena y apacible. Era tan tranquila que su familia llegó a la conclusión de que era boba perdida y que jamás encontraría un marido rico que devolviera el esplendor a su ajado título nobiliario. Así que la internaron en un convento; la madre superiora la vio tan, pero tan rematadamente tonta, que le encargó la importantísima tarea de cuidar el huerto de coles para el cocido de los domingos. Y la tonta de María les cantaba en lugar de regarlas, así que en el convento se pasaron así como que tres meses sin comer cocido.
Había que encontrarle otra ocupación, tampoco era plan abandonar a la muy palurda en medio del bosque a merced de los lobos. No habría sido cristiano (¿no?). La madre superiora, en un alarde de sentido común, se acordó del capitán Von Trapp y de sus veinte hijos, y se dijo a sí misma, "si la mando de niñera allí, se podrá pasar el día cantando, que es lo único que sabe hacer la muy idiota. Y total, si se le olvida darles de comer y se le muere alguno, nadie se va a dar cuenta. Son veinte...."
El resto de la historia nos la quisieron vender en la peli esa de Sonrisas y Lágrimas. Mira, no voy a hacer ningún comentario al respecto, pero yo estuve allí y puedo asegurar que los hechos fueron bien distintos. Como que no quiero joderle a nadie la fantasía, no voy a revelar ningín detalle que rompa el hechizo cinematográfico.
Eso sí, que todo el mundo sepa que durante el viaje a pie por los Alpes, mientras "huían" de los nazis (no voy a contar que lo que realmente pasó es que hubo un pequeño malentendido entre el Capitán Von Trapp, el capitan Feitzsburger, veinte pares de medias negras de seda y un potro de castigo), María manifestó los primeros síntomas del trastorno obsesivo compulsivo que caracterizaría los posteriores años de su vida.
Lo que tenía que haber sido una travesía de una semana, se convirtió en tres meses de María cantando como una posesa e intentando barrer toda la nieve de las cumbres de los Alpes. Según ella, estaba todo muy sucio de no-se-qué cosa blanca. La única manera de convencerla para que parara fue un sensato garrotazo en la cabeza por parte de su bien amado esposo. Para cuando consiguieron que se callara y parara de barrer, trece de los veinte hijos del Capitán habían enloquecido y se habían suicidado tirándose de un barranco. Por eso solo salen siete de los hijos en la película...era por no levantar ampollas.
Tampoco voy a explicar lo que hicieron con sus cuerpos... tres meses en la nieve y ni un triste edelweiss para llevarse a la boca dan mucho de sí...
Posteriormente, la familia tuvo un discreto éxito cantando junta en festivales como San Remo, Eurovisión etc... pero como María era boba y no había manera de hacerla callar durante las entrevistas, decidieron dejar el mundo de la música. Años más tarde, algunos cuentan que la familia llegó a instalarse en algún pueblo de las costas de Málaga. Yo ya había perdido mi relación con la familia, pero me llegaron rumores de una mujer que barría las playas de Marbella al compás de "Doooo, es trato de baroooon. Reeee, selvatico animaaaaal....!!!".
Qué triste historia..."
Mejor me voy a dormir.

"María Von Trapp tuvo una juventud serena y apacible. Era tan tranquila que su familia llegó a la conclusión de que era boba perdida y que jamás encontraría un marido rico que devolviera el esplendor a su ajado título nobiliario. Así que la internaron en un convento; la madre superiora la vio tan, pero tan rematadamente tonta, que le encargó la importantísima tarea de cuidar el huerto de coles para el cocido de los domingos. Y la tonta de María les cantaba en lugar de regarlas, así que en el convento se pasaron así como que tres meses sin comer cocido.
Había que encontrarle otra ocupación, tampoco era plan abandonar a la muy palurda en medio del bosque a merced de los lobos. No habría sido cristiano (¿no?). La madre superiora, en un alarde de sentido común, se acordó del capitán Von Trapp y de sus veinte hijos, y se dijo a sí misma, "si la mando de niñera allí, se podrá pasar el día cantando, que es lo único que sabe hacer la muy idiota. Y total, si se le olvida darles de comer y se le muere alguno, nadie se va a dar cuenta. Son veinte...."
El resto de la historia nos la quisieron vender en la peli esa de Sonrisas y Lágrimas. Mira, no voy a hacer ningún comentario al respecto, pero yo estuve allí y puedo asegurar que los hechos fueron bien distintos. Como que no quiero joderle a nadie la fantasía, no voy a revelar ningín detalle que rompa el hechizo cinematográfico.
Eso sí, que todo el mundo sepa que durante el viaje a pie por los Alpes, mientras "huían" de los nazis (no voy a contar que lo que realmente pasó es que hubo un pequeño malentendido entre el Capitán Von Trapp, el capitan Feitzsburger, veinte pares de medias negras de seda y un potro de castigo), María manifestó los primeros síntomas del trastorno obsesivo compulsivo que caracterizaría los posteriores años de su vida.
Lo que tenía que haber sido una travesía de una semana, se convirtió en tres meses de María cantando como una posesa e intentando barrer toda la nieve de las cumbres de los Alpes. Según ella, estaba todo muy sucio de no-se-qué cosa blanca. La única manera de convencerla para que parara fue un sensato garrotazo en la cabeza por parte de su bien amado esposo. Para cuando consiguieron que se callara y parara de barrer, trece de los veinte hijos del Capitán habían enloquecido y se habían suicidado tirándose de un barranco. Por eso solo salen siete de los hijos en la película...era por no levantar ampollas.
Tampoco voy a explicar lo que hicieron con sus cuerpos... tres meses en la nieve y ni un triste edelweiss para llevarse a la boca dan mucho de sí...
Posteriormente, la familia tuvo un discreto éxito cantando junta en festivales como San Remo, Eurovisión etc... pero como María era boba y no había manera de hacerla callar durante las entrevistas, decidieron dejar el mundo de la música. Años más tarde, algunos cuentan que la familia llegó a instalarse en algún pueblo de las costas de Málaga. Yo ya había perdido mi relación con la familia, pero me llegaron rumores de una mujer que barría las playas de Marbella al compás de "Doooo, es trato de baroooon. Reeee, selvatico animaaaaal....!!!".
Qué triste historia..."
Mejor me voy a dormir.
miércoles, 15 de julio de 2009
CELEBRANDO COSAS ABSURDAS
Pues sí, señoras y señores, ya ven qué gran descubrimiento: la vida no siempre trae lo que uno desearía. Qué sencilla Gran Verdad. Aunque en realidad, todo es relativo. Cuando pensamos que es una mierda porque algo no sale tal como esperábamos, al cabo de un cierto tiempo descubres un giro de tuerca del destino, y que si lo que tanto deseabas que se cumpliera hubiera sucedido, te habrías perdido otras tantas cosas en un futuro más o menos cercano.
Al final todo es una cuestión de actitud, y la correcta es la positiva, supongo. De este modo hoy, día rutinario y agotador donde los haya, he decidido hacer una celebración por todo lo grande. ¿Qué se celebra? obviamente el "día internacional de lo absurdo". ¿Y por qué? Pues mira, porque no tiene ni pies ni cabeza...¿y qué más da?.
Hoy se celebra todo lo que no ha sucedido todavía, lo que está por venir, lo que no se conoce y lo que no se espera. Y se celebra que la esperanza y la fe son gratis, que mañana vuelve a salir el sol y que gracias a la lluvia nace el trigo para hacer pan. Voy a cocinar una quiche con brécol, espinacas y salmón. Y voy a brindar con Albariño del Rosal mientras enciendo una velita y me tomo un respiro de la insostenible rutina.
Allá voy:
Al final todo es una cuestión de actitud, y la correcta es la positiva, supongo. De este modo hoy, día rutinario y agotador donde los haya, he decidido hacer una celebración por todo lo grande. ¿Qué se celebra? obviamente el "día internacional de lo absurdo". ¿Y por qué? Pues mira, porque no tiene ni pies ni cabeza...¿y qué más da?.
Hoy se celebra todo lo que no ha sucedido todavía, lo que está por venir, lo que no se conoce y lo que no se espera. Y se celebra que la esperanza y la fe son gratis, que mañana vuelve a salir el sol y que gracias a la lluvia nace el trigo para hacer pan. Voy a cocinar una quiche con brécol, espinacas y salmón. Y voy a brindar con Albariño del Rosal mientras enciendo una velita y me tomo un respiro de la insostenible rutina.
Allá voy:
martes, 14 de julio de 2009
LAS COMPLICACIONES DE SER MADRE

Como muchos ya sabreis, el pasado jueves me asusté muchísimo porque una de mis gatas estaba enferma. Esta es mi Montse, alias Miausi, alias Miausoti, alias Tequila, alias bebé de mami... Pues esta campeona, arisca como ella sola, que en ocho años jamás me ha dejado cogerla en brazos, se ha portado como la princesa que es: se dejó rapar el cuello, se dejó sacar sangre y se dejó hacer una ecografía en la tripa panza arriba. En otras palabras, le ha dejado bien claro a la veterinaria y a una servidora que ella es una señora.
El resultado final es que tiene hepatitis, probablemente producida por la edad, pero no tan grave como para que su vida peligre de forma inmediata. Eso sí, su mamá se llevó el sofocón dramático del siglo.
Pues nada, muchísimas gracias a todos aquellos que os habeis preocupado por su salud. Desde Gitania, muchos marramiaus de agradecimiento felino.
domingo, 5 de julio de 2009
YO ESTUVE ALLÍ ( U2 - 360º )
Pese a la resaca de muerte que mantiene postradas a mis neuronas en un letargo doloroso e infinito, todavía no me he recuperado del concierto del jueves. Lo primero que he hecho hoy al llegar a casa ha sido poner el DVD de la gira "Zoo TV-Live in Sidney", y no puedo dejar de revivir aquellos momentazos en el Camp Nou. Escucho los riffs de guitarra de The Edge, me pongo como una moto, siento de nuevo la emoción indescriptible del momento en que se subieron al escenario y me siento peligrosamente tentada de empeñarme hasta las cejas para asistir al conciertazo que será el de Dublín el 24 de julio.
Exagerados, megalomanos, grandes... gigantes. La Chelita y yo calculábamos minutos antes del concierto la hipotética pasta que se llevarían en concepto de recaudación de entradas, y a lo tonto, salían más de 250 millones de euros por 33 conciertos. Pero cuando estás en medio de esa vorágine de sonido y luz, te olvidas del dinero, del nobel de la paz, de la hipocresía de ganar pasta a costa de la solidaridad. Solo estás allí, en medio de ese éxtasis colectivo, levantas las manos, cantas, gritas y te entregas a la vorágine de la música.
Pensándolo bien, quedan pocos grupos capaces de llenar un estadio y crear un estado de comunión colectiva como el que se vivió con U2. Aunque tuviera que pagar el triple, volvería a comprar esa entrada. No se me volverá a escapar una gira, me lo prometo a mi misma.
Para mi, el momento álgido sin duda alguna, fue el que os adjunto. Finalizó un tema y empezaron a sonar los primeros compases de "I still haven't found what I'm looking for". En ese momento, me giré 360º y sólo había cabezas y manos alzadas, no cabía un alfiler. Un estallido de flashes desde las gradas, los gritos de la gente... y Bono empezó a cantar:
"I have climbed highest mountain
I have run through the fields
Only to be with you
Only to be with you"
E intenté cantar, pero no pude. Se me hizo un nudo en la garganta y se me llenaron los ojos de lágrimas. Después de tanto tiempo, por fin, yo también estaba allí. Irrepetible...
Exagerados, megalomanos, grandes... gigantes. La Chelita y yo calculábamos minutos antes del concierto la hipotética pasta que se llevarían en concepto de recaudación de entradas, y a lo tonto, salían más de 250 millones de euros por 33 conciertos. Pero cuando estás en medio de esa vorágine de sonido y luz, te olvidas del dinero, del nobel de la paz, de la hipocresía de ganar pasta a costa de la solidaridad. Solo estás allí, en medio de ese éxtasis colectivo, levantas las manos, cantas, gritas y te entregas a la vorágine de la música.
Pensándolo bien, quedan pocos grupos capaces de llenar un estadio y crear un estado de comunión colectiva como el que se vivió con U2. Aunque tuviera que pagar el triple, volvería a comprar esa entrada. No se me volverá a escapar una gira, me lo prometo a mi misma.
Para mi, el momento álgido sin duda alguna, fue el que os adjunto. Finalizó un tema y empezaron a sonar los primeros compases de "I still haven't found what I'm looking for". En ese momento, me giré 360º y sólo había cabezas y manos alzadas, no cabía un alfiler. Un estallido de flashes desde las gradas, los gritos de la gente... y Bono empezó a cantar:
"I have climbed highest mountain
I have run through the fields
Only to be with you
Only to be with you"
E intenté cantar, pero no pude. Se me hizo un nudo en la garganta y se me llenaron los ojos de lágrimas. Después de tanto tiempo, por fin, yo también estaba allí. Irrepetible...
domingo, 28 de junio de 2009
VANCOUVER
domingo, 21 de junio de 2009
sábado, 20 de junio de 2009
DESEO Y DESAPEGO
Joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder, joder......
¿POR QUÉ COÑO TENGO TAN BUEN GUSTO??????
Esta noche tengo un cumpleaños y como una niña buena, he salido a darme un garbeo para encontrar el imprescindible regalo para mi amiga. No se engañen, lectores, detesto ir de compras (y más un sábado por la tarde) pero hay días en los que te caza el vicio y te pruebas media tienda.
Pues nada, he tenido la "genial" idea de ir Desigual. Y mira que lo sé que es cara a rabiar, pero es que tienen los bolsos más bonitos del universo... He entrado, me he paseado entre cientos de camisetas chillonas, se me ha roto un tímpano y el otro me ha pedido la baja laboral por someterlo a tal estrés acústico y de repente... allí estaba Él.
Sencillo, pero sexy. Tentador, pero discreto. A dos metros de mi. Distinguiéndose claramente entre los demás. Creo que fue un flechazo a primera vista para ambos. Me acerqué despacio, temiendo que fuera un espejismo, porque no estoy acostumbrada a tener tanta suerte, y afiné el oído para ver qué tenía que contarme... "quiero estar sobre tu cuerpo", me dijo muy serio. Sin dudarlo ni un instante, nos fuimos juntos a probador, me desnudé y...
Y resulta que he encontrado el vestido de mi vida. Muy "Desigual", pero en colores discretos, un escote que sienta de maravilla. El largo de falda ideal. Tejido con caída perfecta. Cortado como si estuviera hecho a medida para mi cuerpecillo de tapón... El milagro hecho vestido. Jamás olvidaré su maravilloso nombre: "59 euros".
Después de comprobar que hacíamos la pareja perfecta, me precipité como un demonio hacia la dependienta para preguntarle si lo iban a retirar de las tiendas cuando comenzaran las rebajas. Los dos segundos que tardó en responder se me hicieron eternos, el corazón me palpitaba desbocado antes de que pronunciara las palabras mágicas: "no, se rebajará y se quedará en tienda hasta que se agote".
Entendereis que casi me da un síncope de la alegría.
Vale, direis que 59 euros tampoco es tanto dinero. Pero por una parte, ahora mismo mi economía me ha retado a un duelo al amanecer. Y por la otra, que me jode pagar esa pasta por un trozo de algodón.
El otro día comentaba con un amigo el tema del deseo y el desapego. Dicen los budistas que la fuente de la infelicidad y por ende, de todos los males del mundo, es el deseo, principalmente, el no satisfecho que es el que genera frustración. Y es cierto, es el principio de la sociedad consumista: comprar para ser feliz. Y si no puedes comprar, te jodes.
Pues la conversación versaba sobre la necesidad evidente de forzar el desapego, de hacernos conscientes de que la mayor parte de las veces deseamos cosas que realmente no necesitamos, y que tal vez no sea una tarea tan complicada. Pero llegados a un cierto punto, tampoco somos monjes, no es necesario ser un asceta.
El año pasado me enamoré de un bolso. Era caro (por supuesto, como todo lo bueno) y teniendo en cuenta que tengo tres millones de bolsos, creí innecesaario comprarlo. Pero no podía dejar de pensar en él. Me compré otro de la misma marca, similar y no tan caro. Y me arrepentí a los cinco minutos de salir de la tienda. Yo deseaba el otro. Lo deseaba de verdad. Así que al final, lo cambié y me llevé el que realmente quería. Nunca me he arrepentido de gastarme ese dinero.
Pues las cosas son así. Está bien pensárselo dos veces, ser prudente y razonable, reflexionar antes de actuar, evaluar pros y contras... Pero cuando se desea algo DE VERDAD, se sabe. No vale la pena buscar excusas y sucedáneos. Sea un bolso, un viaje, un trabajo, un hombre o una vida. Si sabes que lo quieres, hay que ir a por ello. Sin miramientos.
Y por esa razón, porque soy una corredora de fondo ambiciosa, ese vestido se vendrá a vivir a mi armario en cuanto cobre. Palabra de Lanenita.
Por otra parte, me he encontrado con el blog de un tío que hace unas viñetas geniales. Daos una vuelta por su página para hacer colección de sonrisas.
"El señor enviñetado"
¿POR QUÉ COÑO TENGO TAN BUEN GUSTO??????
Esta noche tengo un cumpleaños y como una niña buena, he salido a darme un garbeo para encontrar el imprescindible regalo para mi amiga. No se engañen, lectores, detesto ir de compras (y más un sábado por la tarde) pero hay días en los que te caza el vicio y te pruebas media tienda.
Pues nada, he tenido la "genial" idea de ir Desigual. Y mira que lo sé que es cara a rabiar, pero es que tienen los bolsos más bonitos del universo... He entrado, me he paseado entre cientos de camisetas chillonas, se me ha roto un tímpano y el otro me ha pedido la baja laboral por someterlo a tal estrés acústico y de repente... allí estaba Él.
Sencillo, pero sexy. Tentador, pero discreto. A dos metros de mi. Distinguiéndose claramente entre los demás. Creo que fue un flechazo a primera vista para ambos. Me acerqué despacio, temiendo que fuera un espejismo, porque no estoy acostumbrada a tener tanta suerte, y afiné el oído para ver qué tenía que contarme... "quiero estar sobre tu cuerpo", me dijo muy serio. Sin dudarlo ni un instante, nos fuimos juntos a probador, me desnudé y...
Y resulta que he encontrado el vestido de mi vida. Muy "Desigual", pero en colores discretos, un escote que sienta de maravilla. El largo de falda ideal. Tejido con caída perfecta. Cortado como si estuviera hecho a medida para mi cuerpecillo de tapón... El milagro hecho vestido. Jamás olvidaré su maravilloso nombre: "59 euros".
Después de comprobar que hacíamos la pareja perfecta, me precipité como un demonio hacia la dependienta para preguntarle si lo iban a retirar de las tiendas cuando comenzaran las rebajas. Los dos segundos que tardó en responder se me hicieron eternos, el corazón me palpitaba desbocado antes de que pronunciara las palabras mágicas: "no, se rebajará y se quedará en tienda hasta que se agote".
Entendereis que casi me da un síncope de la alegría.
Vale, direis que 59 euros tampoco es tanto dinero. Pero por una parte, ahora mismo mi economía me ha retado a un duelo al amanecer. Y por la otra, que me jode pagar esa pasta por un trozo de algodón.
El otro día comentaba con un amigo el tema del deseo y el desapego. Dicen los budistas que la fuente de la infelicidad y por ende, de todos los males del mundo, es el deseo, principalmente, el no satisfecho que es el que genera frustración. Y es cierto, es el principio de la sociedad consumista: comprar para ser feliz. Y si no puedes comprar, te jodes.
Pues la conversación versaba sobre la necesidad evidente de forzar el desapego, de hacernos conscientes de que la mayor parte de las veces deseamos cosas que realmente no necesitamos, y que tal vez no sea una tarea tan complicada. Pero llegados a un cierto punto, tampoco somos monjes, no es necesario ser un asceta.
El año pasado me enamoré de un bolso. Era caro (por supuesto, como todo lo bueno) y teniendo en cuenta que tengo tres millones de bolsos, creí innecesaario comprarlo. Pero no podía dejar de pensar en él. Me compré otro de la misma marca, similar y no tan caro. Y me arrepentí a los cinco minutos de salir de la tienda. Yo deseaba el otro. Lo deseaba de verdad. Así que al final, lo cambié y me llevé el que realmente quería. Nunca me he arrepentido de gastarme ese dinero.
Pues las cosas son así. Está bien pensárselo dos veces, ser prudente y razonable, reflexionar antes de actuar, evaluar pros y contras... Pero cuando se desea algo DE VERDAD, se sabe. No vale la pena buscar excusas y sucedáneos. Sea un bolso, un viaje, un trabajo, un hombre o una vida. Si sabes que lo quieres, hay que ir a por ello. Sin miramientos.
Y por esa razón, porque soy una corredora de fondo ambiciosa, ese vestido se vendrá a vivir a mi armario en cuanto cobre. Palabra de Lanenita.
Por otra parte, me he encontrado con el blog de un tío que hace unas viñetas geniales. Daos una vuelta por su página para hacer colección de sonrisas.
"El señor enviñetado"
miércoles, 17 de junio de 2009
EL PUÑETERO AMOR QUE LO PUEDE TODO

No sé que me pasa esta semana (y la anterior, y la anterior, y la anterior...bucle...) que me voy durmiendo por las esquinas, y coño, es una mierda, me paso el día atontada cuando tendría mil cosas que hacer y que siempre dejo para mañana. Solo hay tres posibles razones:
A- El calor.
B- Me despierto sonámbula cada noche para bailar el tango sin parar.
C- Me caí en el caldero de Flumil durante el último resfriado, al más puro estilo Obelix.
Dado el grado de somnolencia, creo que las tres opciones son factibles, complementarias y simultáneas. Bueno, existe otra posibilidad, y es que esté muy necesitada de vacaciones. Al final, esta va a resultar la más convincente de todas.
Hoy me han enviado uno de esos mails con moralina que normalmente me leo muy a gusto y luego olvido para siempre, pero el de hoy me ha llamado la atención de forma especial, así que os lo reproduzco un poco más abajo.
Siempre he pensado que no todos están preparados para ser madres o padres. Es decir, cualquiera sabe engendrar un hijo, es de lo más divertido (o no). Parirlo es una cuestión de "o lo haces o lo haces". Pero educarlo es otro cantar. Paseando por la calle y viendo a algunos padres con sus críos, ¿nunca habeis pensado que debería ser obligatorio pasar un examen y conseguir un carnet que te capacite como progenitor?. Es cierto que los niños son unas fieras potenciales, pero es que por cuestiones de supervivencia, normalmente tienden a parecerse a sus sufridos papás. Así que si el niño es un repelente acabado, no debemos culparlo (o al menos, intentemos no hacerlo).
Pues todo va de la misma manera. Los grandes temas universales de todos los tiempos son la vida, la muerte, el sufrimiento y el amor. En este siglo XXI de estrés en las grandes ciudades, estamos enfermos de amor. Queremos lo mismo de toda la vida, encontrar una pareja y no estar solos, pero lo queremos rápido: en plan "helado Magnum". Ir al kiosco de los amores, comprar la pareja que más nos inspire, destaparla y consumirla. Y que el chocolate se nos funda en la lengua a la velocidad del rayo. Y que esté muy rico. Y que sea bonito y lucible. Y que nos satisfaga. En ese mismo instante, por supuesto.
Nos estamos equivocando, y creo yo que para tener una pareja también se nos debería exigir un certificado de capacitación. Demasiadas expectativas volcadas hacia el exterior y pocas para con nosotros mismos. Y lo digo yo, que estoy soltera porque no hay quien me aguante... pero los periodos de soltería tienen un alto grado de oportunidad: tiempo para reflexionar.
Por eso me ha gustado el texto que os copio a continuación. Parece fácil, pero llegar a cumplir estos once puntos es realmente complicado. ¿Vale la pena? Yo creo que sí.
Pues hala, hagamos un poco de autocrítica:
¿Realmente queremos vivir el AMOR DE VERDAD ? Esta es una "hoja de ruta" para reflexionar.
1. Primero contigo mism@
Sólo cuando estés bien contigo mism@ puedes estar bien con los demás.
2.-Manejar la soledad.
Sólo cuando manejas tu soledad puedas manejar una relación.
3.-Sólo se da lo que se tiene.
Necesitas valorarte para valorar, quererte para querer, respetarte para respetar y
aceptarte para aceptar.
4.-Paz interior.
Ninguna relación te dará la paz que tú mism@ no crees en tu interior.
5.-Fantasía que genera frustración.
Pretender que otra persona nos haga feliz y llene todas nuestras expectativas es una fantasía que sólo genera frustración.
6.-Autonomía.
Ninguna relación te brindará felicidad que tu mismo no construyas.
7.-Autosuficiencia.
Sólo podrás ser feliz con otra persona cuando, bien convencid@, seas capaz de decirle: “No te necesito para ser feliz”.
8.-Independencia
Sólo podrás amar siendo independiente hasta el punto de no tener que manipular ni manejar a los que dices querer.
9.-Requerimientos.
Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, autoestima y la práctica de una libertad responsable.
10.-Autoestima y madurez.
Ámate a ti mismo, madura y el día que puedas decirle a esa otra persona: “Sin ti me lo paso bien”, ese día estarás preparad@ para vivir en pareja.
11.-Compartir.
Dos personas que vivan en pareja podrán ser felices sólo cuando se sientan responsables de crearse su propia felicidad y compartirla, no para hacerse felices la una a la otra.
domingo, 14 de junio de 2009
CORPUS CHRISTI

Pues resulta que me han dado las ocho de la mañana en la iglesia de Santiago Apostol de la calle Ferrán. No, no he perdido el último tornillo que me quedaba ni he encontrado mi vocación espiritual (ojalá...).
El tema es que he salido a tomar esa birra de sábado noche, y a lo tonto a lo tonto, me he liado y cuando decidí volver a casa, ya erá más que de día. No veas cuantas cosas están abiertas un domingo a las siete y media de la mañana en el Gótico de Barcelona.
Pues ya que llegaba tarde (o temprano, yo que sé), me he hecho el regalo de comprarme un croissant y el periodico, y paseando tranquilamente vi la puerta de la iglesia abierta. Me acerqué por curiosidad (esa que mató al gato...) y sonaba música dentro. La verdad es que aparte de llegar a casa, comerme el croissant y meterme en la cama, no tenía nada más que hacer, así que si sonaba música Lanenita tenía que ver qué pasaba allí dentro.
Sorpresa. Un grupo de siete monjas y tres monjes jóvenes cantaban en la primera misa de la mañana. No os imaginais qué deliciosa maravilla. Qué voces tan bonitas. El paraiso debe ser algo como eso.
Pues nada, apagué el móvil (por si los acasos) y allí me quedé un buen rato cotilleando en la pública intimidad vocal de las esclavas de Cristo. Ha sido algo precioso, aunque supongo que entre tanto hábito gris, mi pelo de dedos de enchufe desentonaba un poco-mucho. Pero, igualmente, ha sido algo precioso.
Y ahora, me voy a la cama contenta, que ha sido una noche muy larga.
PD: he intentado encontrar en You Tube algo que se pareciera a la maravilla que he escuchado esta mañana en la iglesia, pero no hay nada que mínimamente se le pueda comparar. Si quereis oírlo, tendreis que venir conmigo a la iglesia el próximo domingo. C'est la vie...
sábado, 6 de junio de 2009
EL MUNDO AL REVÉS

Barcelona. Plaza de la Catedral. Se celebra algo, quien sabe qué...
Un escenario y espectáculo de títeres: "Los tres cerditos". Patrocinado por "La Selva", fabricantes de jamón cocido.
¿No os parece una paradoja deliciosa?
A mi me parece tronchante...
Algo así como un montaje teatral de "El diario de Anna Frank" patrocinado por la plana mayor de la Gestapo. Esto me recuerda que me he comprado el libro "Psicoanálisis de los cuentos de hadas" y todavía no me he dignado a abrirle la tapa.
Si, ya lo sé. Debería salir más.
miércoles, 3 de junio de 2009
EQUILIBRIO
EQUILIBRIO (Del lat. aequilibrĭum)
1. m. Estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas que obran en él se compensan destruyéndose mutuamente.
2. m. Situación de un cuerpo que, a pesar de tener poca base de sustentación, se mantiene sin caerse.
3. m. Peso que es igual a otro y lo contrarresta.
4. m. Contrapeso, contrarresto, armonía entre cosas diversas.
5. m. Ecuanimidad, mesura, sensatez en los actos y juicios.
6. m. pl. Actos de contemporización, prudencia o astucia, encaminados a sostener una situación, actitud, opinión, etc., insegura o dificultosa.
¿Y si le quito los ruedines a mi bicicleta? ¿Seré capaz de mantener el equilibrio?
Si Freddie Turbina puede...
1. m. Estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas que obran en él se compensan destruyéndose mutuamente.
2. m. Situación de un cuerpo que, a pesar de tener poca base de sustentación, se mantiene sin caerse.
3. m. Peso que es igual a otro y lo contrarresta.
4. m. Contrapeso, contrarresto, armonía entre cosas diversas.
5. m. Ecuanimidad, mesura, sensatez en los actos y juicios.
6. m. pl. Actos de contemporización, prudencia o astucia, encaminados a sostener una situación, actitud, opinión, etc., insegura o dificultosa.
¿Y si le quito los ruedines a mi bicicleta? ¿Seré capaz de mantener el equilibrio?
Si Freddie Turbina puede...
martes, 2 de junio de 2009
CAIDA Y AUGE DE LA CALDERA DE LANENITA

Algún día tenía que suceder...
Se estropeó el grifo termostático de la ducha. Se estropeó la junta del desagüe de la lavadora. El portátil se apaga sólo ahora sí y ahora también por un problema en la placa base (o en el ventilador, hay amargas discusiones acerca de este punto). Y no hablemos de las infinitas reparaciones de la comunidad de vecinos... Y ahora, por fin, la caldera se declaró el huelga indefinida. Boicot a la dulce ducha de la mañana. O de la noche. O ambas, según cómo sople el viento... Creo que soy una elegida de Dios, el moderno Santo Job, y una gran recompensa me espera al final del camino. No sé, una piruleta, una Barbie de "Todo a Cien" o una cinta-cassette original de Mocedades.
Mola.
Un show. Arreglar el puñetero calentador ha sido un show. El seguro del piso (por supuesto), no cubre la reparación, pero me dan un teléfono donde encontrar uno de esos iluminados del destornillador que acabe con mi suplicio calderil. Lo curioso es que al llamar a "Reparalia" (así se llama el paraíso de los tornillos), me dicen que reparan de todo excepto, mira tú por donde, calderas.
Vale, ok. Pues hagamos el siguiente paso lógico. Llamemos a Gas Natural.
Casualidades de la vida, en Gas Natural sí que tienen un servicio técnico que arregla calderas. Pero como no tengo contratado el servicio anual de mantenimiento, me puedo ir a paseo hasta Murcia. Conste que yo no pretendía que me lo arreglaran gratis, e iba a pagar gustosa siempre y cuando me devolvieran mi añorada agua caliente. Pero claro, es mejor que cualquiera meta mano en un calentador de gas antes que ofreder un servicio de reparación ocasional.
Vale. ok. Política de empresa. Sería como decirle al Papa que utilizar condones es bueno para la prevención del SIDA.
Momentazo de lucidez. Hace cuatro años que pago la cuota de la Cámara de Propietarios de Barcelona, algo que de bastante poco me ha servido hasta el momento, pero bueno, siendo una elegida de Dios, nunca se sabe cuando puede hacer falta. Y ahora, por fin, no solo me ponen en contacto con un técnico sino que además me informan que por ser socia, no tendré que pagar el desplazamiento del susodicho tuercas. Una maravilla.
Para hacer honor a la verdad, he de deciros que desde que llamé hasta que el técnico se persono en mi humilde morada pasaron menos de tres horas, con mi consiguiente alivio, por supuesto. ¿El diagnostico? 38 euros. ¡Ay! No. Perdonen. Esa fue la sarcástica minuta en toda mi jeta. ¿Qué le pasaba a mi amada caldera? Que tenía floja la luz piloto. O al menos que toqueteándola un poco se le arreglaban todos los males. Mi caldera estaba falta de cariño, como pude no haberme dado cuenta...
Para que la cosa no pareciera tan ridícula, el lampista cambió un par de enchufitos de sitio y bajó la intensidad de calor (no se hagan ilusiones, no es nada científico, lo hizo con el termostato. Hasta yo podría haberlo hecho).
Bueno, ha servido para que el agüita caliente vuelva a fluír libre por el plato de ducha. Y para que yo me enterara de que tengo una caldera estanca electrónica que sufre por la falta de afecto. Me maravilla que los futuros terminators también tengan necesidad de sexo.
Alguien se encarga de recordarme de vez en cuando que yo sería una jefa pésima, porque parece ser que no sé delegar. Bueno, en realidad es cierto. Pero el punto clave es el siguiente: ¿en quién delegas? ¿en tu seguro del hogar? ¿en tu compañía de gas que debe velar por la seguridad de aparatos que pueden explotar como aprietes demasiado poco un tornillo?
Casi las once de la noche, y mi particular circo de enanos no para de crecer. Creo que voy a apagar el móvil porque estoy cansada y me merezco esa maravillosa ducha de agua cálida antes de meterme entre las sábanas.
¿Os imaginais que se vuelva a joder la caldera mientras me enjabono el pelo?
Je, je, je... sería un apoteósico remate final. Y eso que el día comenzó genial...
Bueno. Pues hoy odio a mucha gente, empezando por Reparalia y terminando por Gas Natural. Y me gusta traer a colación aquella maravillosa serie "Caída y auge de Reginald Perrin". Porque me parece de una sublime inteligencia y sentido común crear empresas que den servicios a la gente que los necesita. Como arreglar calentadores de agua. O en este caso, una tienda de cosas inútiles para regalar a la gente a la que detestas.
Menos mal que siempre nos quedará el humor inglés.
Doble alivio.
domingo, 24 de mayo de 2009
LA METAFORA DEL KAITENSUSHI
La vida, el amor y la desgracia, son como un buffet giratorio de sushi. Los platos giran alrededor de mesas repletas de clientes hambrientos. Si llegas pronto al restaurante, encuentras las cintas repletas de tus platos favoritos que te dicen “cómeme”, y como un rey, escoges la mesa en la que te sientas sin ningún tipo de pudor. Si llegas tarde, sin embargo, debes esperar a que alguna mesa quede libre. Probablemente acabará siendo la que esté al lado de la cocina de los fritos. O del lavabo. La suerte es así. La vida es así.
Hasta en la desgracia hay clases.
Triste y sola. Muy sola. En esa soledad que es como la arena de la orilla del mar, que da igual cuantas olas la bañen, que siempre filtrará el agua y volverá a quedarse seca. Una soledad para compensar con fruslerías o tiritas contra la rutina, como yo las llamo. Para mentirme y engañarme, y que parezca que por un momento algo tan sencillo como el sushi puede devolverme a un estado de relativa alegría. Así, de este modo tan estúpido, decidí irme a cenar al Kaitensushi de la esquina, con mi copa para uno y mis palillos para uno. Cenando en mi mesa para dos. Tuve suerte. Pude escogerla.
Y allí me senté, paladeando mi propia alegoría de la vida mientras me servían una cerveza. Platos que giran, los más deseados desaparecen enseguida, los de aspecto más angustioso que giran infinitamente. Y pensaba, “¿quien tendrá el valor de comerse una ostra que lleva tres horas girando?”. Si te comes una ostra mareada te expones, como mínimo, a perder el sentido del equilibrio. Una ostra, toda la noche en tu estómago, girando por la inercia de la costumbre… no parece buena compañía para una digestión serena.
Platos que giran, platos que no me convencen… distraigo el tiempo disolviendo una gran porción de wasabi en el cuenco de salsa de soja. “Si espero lo suficiente, llegará el plato que deseo”. Pero… ¿y si no llega?, ¿ y si esta noche no lo sirven?. “Tengo hambre, bastante hambre”. Tal vez tendría que comer cualquier cosa para saciarme. Pero yo no quería cualquier cosa. Yo esperaba mi plato favorito, yo quería sashimi de salmón. Que no llegaba…
Y divagando conmigo misma, mi mirada debió perderse en algún momento. E incluso es posible que tuviera algún matiz de tristeza del que yo no fui consciente. En mi mesa para dos con la copa para uno y los palillos para uno... Yo, mirando fijamente la cinta, no me di cuenta de que alguien me había visto a mí.
El cocinero, que estaba a pocos metros de mi mesa cortando makis, se acercó a mí con un pequeño platito en la mano. Estaba tan ensimismada que me sorprendió el gesto de mirarme brevemente, dejar el plato sobre mi mesa y después irse tan rápido como había venido. “¿Por qué? ¿Por qué me trae otro plato de sushi si la cinta está llena?”. Hasta que baje la mirada y vi lo que me había traído.
Y los ojos se me quedaron secos mientras el corazón se me llenaba de lágrimas cuando descubrí que en mi plato había una rosa. Una preciosa rosa de salmón. De sashimi de salmón. Con sus pequeños pétalos en el centro y los grandes externos, acogedores, rodeando amorosamente al resto para mantenerlo todo unido. Brillantes con sus finas vetas blancas. Una hermosa rosa de mi pescado favorito. Solo para mí.
Miré al cocinero, que escondía a un romántico bajo aquellos ojos humildes que intentaban decir que en realidad no había hecho nada. Se encogió de hombros y yo le sonreí, sabiendo que ni mi mejor sonrisa podría expresar el agradecimiento que sentía en aquel momento. Aquel hombre era un poeta sepultado en una cadena de montaje de producción industrial de sushi. “Un hombre. Un trabajo. Una frustración”. Mi rosa fue su propia tirita para la rutina. Su rosa fue mi catarsis para despertar del ensueño. Ya no podía quedarme absorta, porque me sentía observada. Tampoco podía comerme la rosa. Era “mi” flor. Así que mientras me distraía cenando, llegué a dos conclusiones importantes.
En primer lugar, la verdadera vida está hecha de detalles. Esas cosas pequeñas, sorprendentes y en cierta manera, absurdas. La felicidad se esconde en las esquinas más oscuras e inesperadas, se agazapa y salta sobre ti cuando menos lo esperas. Así también la tristeza o la decepción. El castillo de naipes que, cuidadosamente, vamos construyendo día a día, convencidos de que es nuestra sólida vida, se mantiene en pie o se viene abajo gracias a los detalles. Una mano firme. Una superficie bien nivelada. Una brizna de aire. La punta de un dedo en posición mal calculada.
Y la segunda. Que no todo lo que esperamos de la vida está en el circuito cerrado de la cinta de sushi. De donde por lógica tendrá que salir la comida. De donde todos comemos. Es ahí, en esa metafórica cinta de sushi donde pretendemos encontrar lo que deseamos. Es ahí donde nos han enseñado que debe estar. Pero, a veces, lo que soñamos viene de otro lugar, de lo inesperado o incluso de lo que no tiene sentido. Belleza repentina que no esperábamos y que puede llegar a deslumbrar. Y este es también el atajo de la desgracia…
No podía comerme la rosa. Cené observándola y pensando qué podría hacer con ella. Al terminar, pedí la cuenta y decidí que debía venir conmigo a casa. No podría meterla en un jarrón con agua ni secarla entre las hojas de un libro. Mi rosa era de difícil conservación. Pero era demasiado especial, así que decidí congelarla. Extraño destino para una flor… Para recordar aquel momento de ternura, tendría que abrir la puerta del congelador. Definitivamente extraño.
La camarera japonesa vino con la cuenta, y entonces le pedí que envolviera la flor, con mucho cuidado, en papel de aluminio, porque quería llevármela a casa para conservarla en el congelador. La mujer me miró sorprendida y la boca se le llenó de tantas palabras que solo acertaba a balbucear para decirme que eso no era posible. Aquello era un buffet, no había comida para llevar. No podía llevármela, estaba decidido y no había más que hablar.
Aquella mujer había llamado “comida” a mi flor. Comida… de ser una hermosa rosa había pasado a convertirse en otro vulgar plato de sushi de la cinta. Intenté decirle que no, que no era comida, que no me la iba a comer. Que quería conservar la flor en el congelador. Que era mía… pero cogió el plato y se lo llevó. Casi podría decir que la ví tirar mi rosa al cubo de basura.
Y me fui del restaurante, aprendiendo nuevas lecciones. Que los detalles son efímeros y que por eso deben disfrutarse al máximo cuando te los ponen en bandeja. Y que por mucho que pensemos que algo es nuestro y nos está predestinado, por mucho que ideemos sistemas para protegerlo y conservarlo, en un momento alguien nos lo puede arrebatar de las manos.
Pero hecha la ley, hecha la trampa. Yo conservé mi rosa.
Le hice una fotografía con mi teléfono móvil.
Hasta en la desgracia hay clases.
Triste y sola. Muy sola. En esa soledad que es como la arena de la orilla del mar, que da igual cuantas olas la bañen, que siempre filtrará el agua y volverá a quedarse seca. Una soledad para compensar con fruslerías o tiritas contra la rutina, como yo las llamo. Para mentirme y engañarme, y que parezca que por un momento algo tan sencillo como el sushi puede devolverme a un estado de relativa alegría. Así, de este modo tan estúpido, decidí irme a cenar al Kaitensushi de la esquina, con mi copa para uno y mis palillos para uno. Cenando en mi mesa para dos. Tuve suerte. Pude escogerla.
Y allí me senté, paladeando mi propia alegoría de la vida mientras me servían una cerveza. Platos que giran, los más deseados desaparecen enseguida, los de aspecto más angustioso que giran infinitamente. Y pensaba, “¿quien tendrá el valor de comerse una ostra que lleva tres horas girando?”. Si te comes una ostra mareada te expones, como mínimo, a perder el sentido del equilibrio. Una ostra, toda la noche en tu estómago, girando por la inercia de la costumbre… no parece buena compañía para una digestión serena.
Platos que giran, platos que no me convencen… distraigo el tiempo disolviendo una gran porción de wasabi en el cuenco de salsa de soja. “Si espero lo suficiente, llegará el plato que deseo”. Pero… ¿y si no llega?, ¿ y si esta noche no lo sirven?. “Tengo hambre, bastante hambre”. Tal vez tendría que comer cualquier cosa para saciarme. Pero yo no quería cualquier cosa. Yo esperaba mi plato favorito, yo quería sashimi de salmón. Que no llegaba…
Y divagando conmigo misma, mi mirada debió perderse en algún momento. E incluso es posible que tuviera algún matiz de tristeza del que yo no fui consciente. En mi mesa para dos con la copa para uno y los palillos para uno... Yo, mirando fijamente la cinta, no me di cuenta de que alguien me había visto a mí.
El cocinero, que estaba a pocos metros de mi mesa cortando makis, se acercó a mí con un pequeño platito en la mano. Estaba tan ensimismada que me sorprendió el gesto de mirarme brevemente, dejar el plato sobre mi mesa y después irse tan rápido como había venido. “¿Por qué? ¿Por qué me trae otro plato de sushi si la cinta está llena?”. Hasta que baje la mirada y vi lo que me había traído.
Y los ojos se me quedaron secos mientras el corazón se me llenaba de lágrimas cuando descubrí que en mi plato había una rosa. Una preciosa rosa de salmón. De sashimi de salmón. Con sus pequeños pétalos en el centro y los grandes externos, acogedores, rodeando amorosamente al resto para mantenerlo todo unido. Brillantes con sus finas vetas blancas. Una hermosa rosa de mi pescado favorito. Solo para mí.
Miré al cocinero, que escondía a un romántico bajo aquellos ojos humildes que intentaban decir que en realidad no había hecho nada. Se encogió de hombros y yo le sonreí, sabiendo que ni mi mejor sonrisa podría expresar el agradecimiento que sentía en aquel momento. Aquel hombre era un poeta sepultado en una cadena de montaje de producción industrial de sushi. “Un hombre. Un trabajo. Una frustración”. Mi rosa fue su propia tirita para la rutina. Su rosa fue mi catarsis para despertar del ensueño. Ya no podía quedarme absorta, porque me sentía observada. Tampoco podía comerme la rosa. Era “mi” flor. Así que mientras me distraía cenando, llegué a dos conclusiones importantes.
En primer lugar, la verdadera vida está hecha de detalles. Esas cosas pequeñas, sorprendentes y en cierta manera, absurdas. La felicidad se esconde en las esquinas más oscuras e inesperadas, se agazapa y salta sobre ti cuando menos lo esperas. Así también la tristeza o la decepción. El castillo de naipes que, cuidadosamente, vamos construyendo día a día, convencidos de que es nuestra sólida vida, se mantiene en pie o se viene abajo gracias a los detalles. Una mano firme. Una superficie bien nivelada. Una brizna de aire. La punta de un dedo en posición mal calculada.
Y la segunda. Que no todo lo que esperamos de la vida está en el circuito cerrado de la cinta de sushi. De donde por lógica tendrá que salir la comida. De donde todos comemos. Es ahí, en esa metafórica cinta de sushi donde pretendemos encontrar lo que deseamos. Es ahí donde nos han enseñado que debe estar. Pero, a veces, lo que soñamos viene de otro lugar, de lo inesperado o incluso de lo que no tiene sentido. Belleza repentina que no esperábamos y que puede llegar a deslumbrar. Y este es también el atajo de la desgracia…
No podía comerme la rosa. Cené observándola y pensando qué podría hacer con ella. Al terminar, pedí la cuenta y decidí que debía venir conmigo a casa. No podría meterla en un jarrón con agua ni secarla entre las hojas de un libro. Mi rosa era de difícil conservación. Pero era demasiado especial, así que decidí congelarla. Extraño destino para una flor… Para recordar aquel momento de ternura, tendría que abrir la puerta del congelador. Definitivamente extraño.
La camarera japonesa vino con la cuenta, y entonces le pedí que envolviera la flor, con mucho cuidado, en papel de aluminio, porque quería llevármela a casa para conservarla en el congelador. La mujer me miró sorprendida y la boca se le llenó de tantas palabras que solo acertaba a balbucear para decirme que eso no era posible. Aquello era un buffet, no había comida para llevar. No podía llevármela, estaba decidido y no había más que hablar.
Aquella mujer había llamado “comida” a mi flor. Comida… de ser una hermosa rosa había pasado a convertirse en otro vulgar plato de sushi de la cinta. Intenté decirle que no, que no era comida, que no me la iba a comer. Que quería conservar la flor en el congelador. Que era mía… pero cogió el plato y se lo llevó. Casi podría decir que la ví tirar mi rosa al cubo de basura.
Y me fui del restaurante, aprendiendo nuevas lecciones. Que los detalles son efímeros y que por eso deben disfrutarse al máximo cuando te los ponen en bandeja. Y que por mucho que pensemos que algo es nuestro y nos está predestinado, por mucho que ideemos sistemas para protegerlo y conservarlo, en un momento alguien nos lo puede arrebatar de las manos.
Pero hecha la ley, hecha la trampa. Yo conservé mi rosa.
Le hice una fotografía con mi teléfono móvil.
miércoles, 20 de mayo de 2009
EL MISMO ROLLO DE SIEMPRE

Llevo unos meses dándole vueltas a un tema que me tiene bastante perpleja. No os resultará novedoso, y no porque hable de él a menudo, sino porque es la rutinaria cruz de cada día: “Hombres y Mujeres. Manual de supervivencia.” Indudablemente, sería mucho más fácil desenmarañar las motivaciones y los canales de comunicación de Alien Vs Predator pero, desgraciadamente, no es el caso que nos ocupa.
Al principio de este post, me hice a mi misma una pregunta: ¿Qué coño queréis los tíos de nosotras? Automáticamente, la descarté por obvia. Los hombres queréis sexo. Y seguridad. Lo cual lleva a más sexo. Y puede que ni siquiera con la que os proporciona esa Seguridad. No, definitivamente era una reflexión estúpida que no llevaba a ninguna parte.
Segunda pregunta: ¿Qué queremos nosotras de los tíos? Vale, aquí como representante del género femenino, ya tengo algunas cosas más que decir. En primer lugar: SOMOS MUCHO MÁS FÁCILES DE ENTENDER DE LO QUE PREGONAIS. Eso no quita que algunas congéneres sean más simples que un botijo y tiren la reputación de las demás por los suelos, dejándonos como caprichosas, celosas, manipuladoras, dominantes y ese largo etc… de lindezas misóginas que algunos tan alegremente nos dedican.
¿Qué queremos de los hombres?
1-RESPETO: trátame como a una persona independientemente de mi talla.
2-RESPETO: ¿a ti te gusta que te utilicen como papel higiénico? A mi tampoco.
3-RESPETO: Tengo cientos de defectos. Qué curioso, tú también. Debe ser una característica aplicable a todos los seres humanos….
Evidentemente, somos distintos. Menos mal. Viva la diferencia. Pero en realidad no hay tantas diferencias entre nosotros como parece. Generalizando, parece ser que las mujeres somos las grandes emotivas complicadas, las que buscan un marido para tener hijos, las inseguras celosas, las que siempre quieren hablar de sentimientos… La experiencia y la observación, que son grandes consejeras, le dan un 100% de fiabilidad empírica a la siguiente afirmación: LOS HOMBRES TAMBIÉN SON ASÍ, solo que lo hacen en un idioma diferente. Al final todo se ciñe a una simple cuestión de sintaxis (que no de semántica).
Dentro de la amplísima taxonomía del carácter humano, hay mujeres que no desean pescar un marido, que optan por la independencia, que son claras y meridianas en sus afirmaciones y que no necesitan tener a un hombre pegado a sus faldas (o sus pantalones) para ser felices. También las hay que utilizan a los hombres para sentirse más seguras, o simplemente como venganza. Exactamente igual que los hombres.
La definición inicial de lo que desean los hombres de las mujeres la he escrito en un rapto de rabia, no es coherente con mi verdadera opinión: creo que hay de todo en la viña del Señor y en la variedad está el gusto. Pero ni os imagináis la de barbaridades que he escuchado de bocas masculinas, y es eso, desgraciadamente, lo que me lleva a realizar un esfuerzo para dejar de pensar que su neurona está diez centímetros por debajo del ombligo.
Me aburre el cuento de nunca acabar de que si las mujeres somos… o que si los hombres somos… Todos somos. Y somos de todo, independientemente de lo que nos cuelgue o no entre las piernas. Somos personas, cada una diferente, cada una con su propio idioma, cada una con su carácter y su jodido mundo propio.
¿A que los hombres no sois amigos de otro por el simple hecho de ser hombre? Bien… eso significa que las personas se atraen entre ellas por algo más que por el sexo. Solo por ser tío no vas a ser mi colega. Solo por ser tía no eres más incomprensible que el sánscrito.
A ver si hacemos todos un pequeño esfuerzo de autocrítica y nos dejamos de fanfarronadas delante de las/los colegas. Al final, ganaremos más y nos ahorraremos mucha penuria emocional (si, señoras y señores, los hombres también tienen emociones, pero recuerden, en otro idioma).
Yo, por mi parte, he creado un nuevo sistema relacional para con el otro género que pienso perfeccionar hasta convertirlo en un método infalible: “Lanenita’s Trial Version”. Pero eso ya os lo contaré en otro post.
martes, 19 de mayo de 2009
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